Imagina la siguiente situación: Un hombre joven publica en
sus redes sociales: ¿Quién quiere que le haga un poema? Una típica chica de
shorts cortos que apenas cubre su zona intima, una blusa rosa pastel con
flores, cabello largo ondulado y excesivo labial rojo-oscuro dice yo. Más
tarde, encuentras un “poema” que habla sobre su belleza, sobre cuanto la ama,
sobre cuanto se compara con el cielo y se merece los elogios y admiración de
todos.
Podrá parecer un título agresivo para comenzar un texto,
pero después de meditarlo un buen rato no pude encontrar mejor calificativo
para este tipo de obras que pueden ser encontradas en grupos de escritores
independientes. Cabe destacar que no estoy afirmando que los poetas emergentes
o independientes sean malos, porque hay varios que son estupendos y que me
parece que merecen las publicaciones y exposición a los medios que varios
autores mediocres tienen actualmente. Existen sin embargo personas que creen
que basta con hilar un par de palabras de forma hermosa, y usar frases genéricas
de sentimientos para escribir poesía (o cualquier otro género). Admiro enormemente
el esfuerzo que dedican algunos a sus textos, a promocionarse en grupos, en subirlos
a plataformas donde no recibirán ni un centavo, y que constantemente buscan
prepararse de acuerdo a sus posibilidades. He llegado a ver casos lamentables como
la situación inicial en que son varias las voluntarias para que les hagan un
poema. Los poemas derivados de estos actos son todos similares, exaltando su
belleza y dirigiéndose a ella como si se conocieran desde hace años y su amor
fuese real, pero sabes bien que no es verdad. Sabes bien que detrás de las
palabras bonitas no hay sentimiento, no hay esencia. No queda satisfacción al
leer sino un vacío que perturba. Quiero creer que es ignorancia, porque la
ignorancia puede erradicarse y sinceramente me aterra pensar que este es el
rumbo que está tomando la poética y la literatura en general.
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